A menudo recibo esta consulta por parte de personas que han tenido pérdidas cercanas en la familia y no saben como enfocarlos con los niños. Hablar sobre la muerte con los niños puede ser un desafío para muchas familias. Es un tema que nos confronta con nuestras propias emociones y creencias, pero también es una oportunidad para brindar a los niños herramientas que les ayuden a procesar la pérdida de manera saludable. En este artículo, te explicamos cómo abordar sus preguntas con honestidad, empatía y claridad.
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1. Escuchar antes de responder
Cuando un niño pregunta sobre la muerte, es importante no apresurarse a responder. En su pregunta puede haber detrás una inquietud específica o una emoción que necesita ser validada. Antes de explicar, puedes devolverle la pregunta:
«¿Por qué lo preguntas?» o «¿Qué piensas tú sobre esto?»
De esta manera, comprenderás mejor qué información necesita y qué nivel de comprensión tiene sobre el tema.
2. Responder con claridad y honestidad
Evita frases como «se ha ido a dormir» o «nos cuida desde el cielo», ya que pueden generar confusión o incluso miedos, como el temor a quedarse dormidos y no despertar. Es mejor explicar con un lenguaje sencillo que la muerte es parte natural de la vida y que, cuando alguien muere, su cuerpo deja de funcionar, ya no respira ni siente dolor.
Si no sabes cómo responder a algunas preguntas, está bien reconocerlo. Puedes decir «Es una gran pregunta, y hay muchas respuestas diferentes. Algunas personas creen que…» y compartir distintas perspectivas.
3. Adaptar la respuesta a su edad
Cada etapa del desarrollo infantil tiene una forma diferente de comprender la muerte:
- Menores de 5 años: Ven la muerte como algo reversible. Puedes decir: «Cuando alguien muere, su cuerpo deja de funcionar y no puede volver, pero siempre lo recordaremos.»
- De 6 a 9 años: Empiezan a entender la muerte como algo definitivo, pero pueden tener dudas sobre lo que pasa después. Es útil validar sus preguntas y compartir diferentes creencias.
- Desde los 10 años: Comprenden la muerte de forma más realista y pueden hacer preguntas filosóficas o emocionales sobre la vida y la existencia.
4. Validar sus emociones
Cada niño reaccionará de manera diferente ante la muerte: algunos sentirán tristeza, otros miedo o confusión. Es importante permitirles expresar sus emociones y asegurarles que es normal sentirse así.
Frases como «Está bien estar triste, yo también lo estoy» o «Puedes preguntarme lo que necesites cuando lo necesites» les dan confianza y seguridad.
5. Ofrecer seguridad y apoyo
Es común que los niños se preocupen por su propia muerte o la de sus seres queridos. Puedes tranquilizarlos diciendo que la mayoría de las personas viven muchos años y que los adultos están ahí para cuidarlos.
Además, si la pérdida ha sido de alguien cercano, crear rutinas de despedida o recordatorio puede ayudar. Mirar fotos, contar anécdotas o hacer dibujos pueden ser formas de procesar el duelo.
6. Aceptar que no siempre hay respuestas
Si un niño pregunta «¿Dónde va alguien cuando muere?», en lugar de dar una única respuesta, puedes decir que hay diferentes creencias y preguntarle qué piensa él. Esto le ayudará a construir su propia forma de entender la muerte sin imponerle una visión cerrada.
7. Buscar apoyo si es necesario
Si notas que el niño tiene un miedo persistente a la muerte, cambios en su comportamiento o ansiedad intensa, puede ser útil consultar con un profesional para darle un mejor acompañamiento.
Hablar sobre la muerte con los niños no es fácil, pero es una conversación necesaria. Responder con honestidad, sin dramatizar ni minimizar sus emociones, les ayudará a construir una relación más sana con la vida y la pérdida.
8. Recordar las fases del duelo
El duelo es un proceso psicológico complejo que ha sido estudiado por diversos autores. Una de las teorías más conocidas es la de Elisabeth Kübler-Ross (1969), quien describió cinco fases del duelo en su libro On Death and Dying:
- Negación: La persona rechaza la realidad de la pérdida como mecanismo de defensa. Colin Murray Parkes (1972) también destacó esta fase en su modelo del duelo, refiriéndose a ella como una fase de aturdimiento emocional.
- Ira: Surgen sentimientos de enfado, frustración o resentimiento. John Bowlby (1980), en su teoría del apego y el duelo, describió esta etapa como una reacción natural ante la separación de un vínculo significativo.
- Negociación: La persona intenta encontrar formas de revertir la pérdida, a menudo con pensamientos de «qué habría pasado si…». Kübler-Ross señaló que en esta fase pueden surgir sentimientos de culpa o promesas en un intento de recuperar el control.
- Depresión: Aparece una profunda tristeza y desesperanza. Parkes (1996) y Worden (2009) describieron esta fase como un periodo de desorganización, en el que la persona siente la intensidad de la pérdida.
- Aceptación: Se empieza a integrar la pérdida en la vida cotidiana y se encuentra un nuevo equilibrio. William Worden (2009) reformuló esta fase en su modelo de las «tareas del duelo», enfatizando la importancia de reconstruir la identidad y encontrar un nuevo sentido.
El duelo no es un proceso lineal ni igual para todos. Modelos como el de Kübler-Ross han sido complementados por otros autores como Stroebe y Schut (1999), quienes propusieron el modelo de afrontamiento dual, destacando la oscilación entre la pérdida y la reconstrucción.
Durante la pandemia de la covid19 recibí muchas consultas al respecto y pude hacer un pequeño video desde casa. Os recomiendo esta charla de Alejandro Nespral en Bariloche: https://youtu.be/sadFGDGeckA?si=-5Q9dYmeMBAQYNXa