Artículo publicado en «La Vanguardia»
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El llamado efecto de la edad relativa es un fenómeno real y medible, aunque poco conocido fuera del ámbito académico. Hace referencia a la influencia que tiene la edad de una persona en relación con la de sus compañeros sobre su desarrollo, rendimiento y oportunidades, especialmente en contextos educativos y deportivos. Los niños nacidos en los primeros meses del año suelen presentar ventajas físicas, cognitivas o emocionales frente a quienes nacen al final del mismo periodo. Estas diferencias, aparentemente pequeñas, pueden amplificarse con el tiempo y condicionar trayectorias vitales y decisiones importantes, evidenciando que el éxito no depende únicamente del talento o del esfuerzo individual.
Álex Letosa, psicólogo, especialista en psicología educativa y logopedia, ha reflexionado sobre este fenómeno en una de las publicaciones más recientes de su canal de Instagram. “Cuando empieza diciembre siempre pienso en esto. Un niño nacido ahora será casi un año más pequeño que muchos de sus compañeros cuando comience la escuela”, explica.
En términos de desarrollo infantil, once meses suponen una diferencia significativa. Numerosos estudios muestran que los niños nacidos a final de año tienen más probabilidades de repetir curso, no por una menor capacidad intelectual, sino por un menor nivel de maduración cognitiva, emocional y motriz. “Ese desfase que parece pequeño tiene consecuencias enormes. Los informes son clarísimos: los nacidos a final de año compiten académicamente con niños mucho más maduros”, afirma Letosa.
Además, los menores más jóvenes del aula reciben con mayor frecuencia diagnósticos de dificultades de aprendizaje o de TDAH. “El más pequeño del grupo parece más inquieto, menos preparado y se etiqueta antes”, advierte el experto.
Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), en diciembre de 2024 nacieron 26.581 bebés en España. Estos datos permiten observar cómo se distribuyen los nacimientos a lo largo del año y analizar tendencias demográficas relevantes para el ámbito educativo y social.
El efecto de la edad relativa no se limita al aula. En el deporte, el talento suele concentrarse en los nacidos en los primeros meses del año. “Cuando se hacen las primeras selecciones, a los 6 o 7 años, los más mayores del grupo son más fuertes, están más coordinados y reciben mejor entrenamiento desde el inicio. No es talento, es una ventana de maduración”, insiste Letosa.
Este sesgo también se mantiene en la vida adulta. Las personas nacidas en los primeros meses del año ocupan con mayor frecuencia puestos de liderazgo y posiciones de mayor éxito profesional. Se trata de un efecto acumulativo de oportunidades: quienes parten con ventaja suelen recibir más refuerzos positivos a lo largo de su desarrollo. “Es un sesgo invisible, pero muy injusto. No podemos permitir que la fecha de nacimiento condicione el futuro académico, deportivo o emocional de un niño”, subraya.
El mensaje de Letosa va dirigido a familias, docentes y entrenadores. “¿Estamos valorando realmente el potencial de cada niño o solo la madurez que le toca por haber nacido antes?”, plantea. Ajustar expectativas, flexibilizar evaluaciones y reconocer las diferencias evolutivas permite tomar decisiones educativas más justas. Entender que un niño nacido a final de año puede necesitar más tiempo para alcanzar ciertos hitos no es una excusa, sino una oportunidad para ofrecer un acompañamiento adecuado que favorezca su desarrollo integral.