Algunos niños sufren esta situación y los progenitores necesitan orientaciones para acompañarlos. Os adjunto algunas de las que utilizamos en consulta en este artículo.
En mi práctica como psicólogo infantil, a menudo me encuentro con niños que quedan atrapados en pensamientos rumiativos, especialmente relacionados con sensaciones corporales que les generan angustia. Estos momentos pueden ser muy desafiantes tanto para los pequeños como para sus familias. A lo largo de los años, he desarrollado una serie de estrategias que me han ayudado a acompañarlos y a devolverles la calma. Hoy quiero compartir contigo estas herramientas, que aplico desde la empatía y la comprensión de su mundo emocional.
¡Suscrítebe gratis y apóyame aquí!
1. Validar las emociones del niño y normalizar lo que siente
El primer paso es crear un espacio donde el niño sienta que puede expresarse sin miedo. Me acerco a él desde la escucha activa, poniéndome a su altura, manteniendo contacto visual y mostrándole que estoy disponible. Frases como: “Entiendo que esto te preocupa” o “Cuéntame, quiero saber cómo te sientes” suelen ayudar mucho.
También procuro normalizar su experiencia. Les explico que a veces, cuando estamos muy preocupados, nuestro cuerpo reacciona enviando señales que parecen alarmantes, pero que no siempre significan algo malo. Por ejemplo, les digo: “Es como una alarma que suena aunque no haya fuego; nuestro cuerpo solo intenta cuidarnos”. Este enfoque suele ser un alivio para el niño, que a menudo se siente incomprendido.
2. Enfocarnos en el presente: Técnicas de grounding
Cuando un niño está atrapado en un pensamiento rumiativo, lo primero que intento es traerlo de vuelta al momento presente. Una técnica que utilizo con frecuencia es el ejercicio de los 5 sentidos, que consiste en:
- Nombrar 5 cosas que puede ver.
- Tocar 4 cosas a su alrededor.
- Escuchar 3 sonidos.
- Identificar 2 olores.
- Imaginar o saborear algo que le guste.
Otra herramienta que empleo es la respiración consciente. Les explico cómo llevar el aire a su barriga, como si quisieran inflar un globo. A menudo les digo: “Vamos a respirar juntos. Cuenta hasta 4 mientras tomas aire, aguanta un momento y luego suelta el aire lentamente contando hasta 6”. Este ejercicio no solo calma su mente, sino también su cuerpo.
3. Redirigir su atención con actividades
Los niños son muy receptivos a las actividades que implican movimiento o creatividad. Si noto que están muy atrapados en su preocupación, les propongo hacer algo juntos:
- Dibujar cómo se sienten, usando colores que representen sus emociones.
- Construir algo con bloques o plastilina.
- Jugar a juegos sencillos como “Veo, veo” para cambiar su enfoque.
El movimiento físico también es clave. Saltar, correr en el lugar o estirarse como si quisieran alcanzar el cielo son actividades que no solo los distraen, sino que también los ayudan a liberar tensiones acumuladas.
4. Trabajar con los pensamientos rumiativos
Una vez que el niño está más calmado, trato de explorar sus pensamientos de manera suave y no invasiva. Les hago preguntas como:
- “¿Qué crees que podría estar pasando en tu cuerpo?”
- “¿Recuerdas si esto ya te pasó antes? ¿Qué ocurrió después?”
Esto les ayuda a darse cuenta de que sus pensamientos no siempre reflejan la realidad. A veces también usamos metáforas visuales, como imaginar que sus preocupaciones son nubes pasajeras en el cielo: “Mira, esas nubes están ahí ahora, pero pronto se moverán y dejarán espacio para el sol”.
5. Relajar el cuerpo y la mente
Cuando la angustia tiene un componente físico fuerte, utilizo técnicas de relajación muscular progresiva. Guío al niño para que tense y relaje diferentes partes del cuerpo. Por ejemplo:
- “Aprieta tus manos como si estuvieras exprimiendo un limón, y luego relájalas”.
- “Sube los hombros como si quisieras tocar tus orejas, y después déjalos caer suavemente”.
Estos ejercicios ayudan a liberar tensiones físicas, que muchas veces intensifican la angustia emocional.
6. Crear recursos visuales o simbólicos
A los niños les funciona muy bien contar con objetos o herramientas concretas para manejar su ansiedad. Por eso, les propongo cosas como:
- Una caja de preocupaciones: Les digo: “Escribe o dibuja lo que te preocupa y guárdalo aquí. Así dejas a tus pensamientos descansar un rato”.
- Un amuleto especial: Un objeto pequeño, como una piedra o un juguete, puede convertirse en un símbolo de tranquilidad. Les explico: “Cada vez que lo tengas en la mano, recuerda que puedes superar cualquier preocupación”.
7. Saber cuándo buscar ayuda profesional
Si bien estas estrategias suelen ser muy efectivas, hay casos en los que las rumiaciones y la angustia persisten o afectan significativamente la vida del niño. En esos casos, recomiendo buscar apoyo especializado. Técnicas como el mindfulness adaptado para niños o la terapia cognitivo-conductual pueden ser de gran ayuda para trabajar más a fondo.
Estos pasos son los que utilizo cada día en mi consulta y me han demostrado ser efectivos para ayudar a los niños a salir del ciclo de pensamiento rumiativo y encontrar la calma. Si tienes dudas o necesitas orientación, no dudes en contactarme. Estaré encantado de acompañarte a ti y a tu hijo en este proceso.
Àlex Letosa – Psicólogo